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A raíz del homenaje en Madrid a Julio Caro Baroja decía aquí que con este gran erudito se había ido el último humanista. Me refería también a generaciones inmediatas a la suya que se van extinguiendo y con ellas a menudo la concepción humanista del saber como un todo.
Fallece ahora nonagenario Alonso Zamora Vicente, sabio proveniente del mundo lingüístico y la dialectología, crítico literario, maestro de muchas generaciones de estudiantes de filología románica, escritor de relatos y durante años secretario de la Academia de la Lengua. No soy del gremio y mal podría aquí hacerle justicia a su sabiduría, pues mi vinculación a su mundo se limita a mi afición a la literatura y al habla popular, y gustoso habría comentado con él la del pueblo en que vivo, con expresiones tan campesinas como “a rodales” para decir que se anda con altibajos (el rodal es aquí el surco), y una especie de diccionario de la jerga de los reclusos de la cárcel de Carabanchel que acopié hace mucho ayudado por un alumno funcionario de prisiones.
Zamora Vicente había sido catedrático de Lengua Española en Santiago y tanto él como su mujer tuvieron una estrecha amistad con mi padre. Acompañado de su hijo Alonso, amigo y compañero entonces del madrileño Museo Arqueológico Nacional, tuve ocasión hace tiempo de conocer al ilustre filólogo y a su mujer, Josefa Canellada, vinculada como él al mundo del habla popular. Recuerdo la simpatía y cordialidad de ambos y los miles de libros que agobiaban sus dos pisos unidos en el barrio madrileño del Niño Jesús. La amplitud de intereses de Zamora Vicente, como la de Caro Baroja, ajenos como humanistas a mundos cerrados, me recuerdan unas palabras del humanismo sociológico de C. Wright Mill: “Lo importante al estudiar un rasgo es el esfuerzo para relacionarlo con otros a fin de formarse un concepto del conjunto. La idea de campos diferentes se basa menos en férreos sectores de problemas que en conceptos de papel mojado. Esos conceptos son sin embargo, difíciles de superar. Suele decirse que nadie puede tener una mentalidad enciclopédica sin incurrir en diletantismo. No creo que sea así. Un investigador no necesita dominar el campo para estar bastante familiarizado con sus materiales y perspectivas y usarlos en aclarar los problemas que le interesan”.
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