El día
14 de marzo murió, a los 90
años, uno de los personajes
más importantes de la
lingüística española, al que
Mérida le tiene dedicada una
humilde aunque concurrida
calle, dentro del antiguo
Kardo que viene a confluir,
como los ríos que desembocan
en los grandes caudales
incrementándolos, en ese
cauce humano que se llama
calle de Santa Eulalia.
Recuerdo que en cierta
ocasión, me preguntó mirando
el rótulo de la calle, un
conocido mío, de mi edad, o
sea mayorcito, hijo de
Mérida y nada sospechoso,
por su profesión, de
ignorancia. ¿Oye tú que
sabes muchas cosas de
Mérida? ¿Quién es este señor
Alonso Zamora Vicente?
Lo más seguro, es que
pensara que se trataba de
algún conquistador
desconocido o algún soberbio
maestre de la orden de
Santiago.
Pero ¿Cuáles fueron sus
méritos para que le
dedicaran una calle en esta
ciudad? En algún escrito
hace años reflexionaba que
una ciudad se distingue
fundamentalmente de otra,
por los nombres de sus
calles, a través de ellos se
puede escribir una historia
en la que se describen
todos los avatares sufridos
y los personajes que la
habitaron. Y Alonso Zamora
Vicente, fue uno de ellos.
No creo que le pusieran la
calle, porque era Académico
de la Lengua desde 1966,
porque los ha habido muchos
y no tienen dedicado ni un
callejón solitario, ni
Secretario Perpetuo de la
misma desde 1971, hasta el
1989, en que dimitió, ni
porque fue Premio Nacional
de Literatura en 1969, ni
tan siquiera porque
coordinara el Diccionario
Manual e Ilustrado de la
Real Academia, ni la
Historia de la Real Academia
Española, sino por algo
mucho mas humilde, tanto,
que ni tan siquiera aparece
nunca reflejada como obra
suya en los resúmenes
biográficos. Porque D.
Alonso Zamora Vicente, se
licenció en 1940, y se
doctoró al año siguiente en
Filología Románica con su
trabajo sobre: “El habla de
Mérida” ", y este estudio,
que nadie cita, sin embargo
sería la base en que se
basarían TODOS los trabajos
de dialectología que se
llevaron a cabo durante las
tres décadas siguientes.
Recién licenciado consigue
una plaza en Mérida y viene
a ejercer como catedrático
de literatura. Antonio
Viudas Camarasa, que hizo
todo lo posible por hacerse
con su biblioteca para
Extremadura, cuenta que con
las anualidades, “de algo
más de tres mil pesetas, que
cobra como Catedrático de
Lengua y Literatura
Españolas” del Instituto
Nacional de Bachillerato de
Mérida, da forma definitiva
a su biblioteca.
Es aquí en Mérida en donde
en compañía de su mujer, la
también filóloga María
Josefa Canellada, y con un
quimógrafo de su invención,
recoge todas las
particularidades de la
fonética emeritense.
No duraría mucho su
permanencia en la ciudad. Ya
en el curso 42-43 se
traslada a la Cátedra de
Lengua de un Instituto de
Santiago de Compostela, y en
el 43 consigue la cátedra en
la Facultad de Filosofía y
letras de esta ciudad.
Sin embargo a pesar de los
muchos galardones y la
importancia, de los títulos
conseguidos, me consta que
nunca olvidó aquella Mérida
de posguerra que fue su
primer destino y en la que
cimentó en enorme edificio
de sus estudios posteriores.
De ahora en adelante cuando
pasemos por esta humilde
calle, ya sabremos sin
necesidad de preguntar, que
aquel Zamora Vicente de la
placa, fue un
conquistador…del lenguaje.
Carmelo Arribas Pérez |