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—Te
enseña a nadar tu vaquero
EL
ALMA:
—Te
enseña a nadar tu vaquero, «que nada como una tenca y tiene
toda la paciencia que es menester» para dominarte en el
agua.
Y
le hablas a Unamuno del eclipse que acabas de contemplar desde
las soledades del monte con la sola compañía del muchacho:
«Callaron
todos los pájaros, las vacas y los chotillos se llamaban y huían
hacia la majada, descendió la temperatura muchos grados, durmióse
el aire, se dejaron ver las estrellas y todo quedó envuelto en
una luz que no era cárdena, ni violácea, ni lívida, aunque
parecía todas estas cosas».
Era
una luz vaga y tristísima, que todo lo llenó de su profunda
melancolía y de hondísima tristeza. Si Dios quisiera matar el
mundo de pena, no tenía que hacer más que teñirlo de aquella
luz por espacio de ocho días.
¡Qué
bien lo dijo tu vaquero!, un astrónomo cuyo lenguaje técnico
tira de espaldas a cualquiera!:
«si
loh clisih jueran largoh y a menúo, yo cahcaba deseguía».
Comentaste
tú al bueno de Unamuno: «No sé lo que dirá sobre el caso
la Academia, ni creas que me interesa mucho saberlo, porque su
Diccionario y su Gramática, que, como autoridades oficiales debían
ser modelos irreprochables, están perramente hechos...»
...Shiss.... Shiss...
¡He de callarme... oigo acercarse gente hablando!
ENTRAN
DOS PERSONAJES MASCULINOS, UNO CORRESPONDE A DON QUIJOTE Y OTRO
A SANCHO
SANCHO:
—«...
A fe, señor, yo soy de parecer que el pobre debe de contentarse
con lo que hallare...»
DON
QUIJOTE:
—-¡Amigo
Sancho Galán! ¡Pero de qué buena casta de extremeños eres!
SANCHO:
—¡Pues
de la buena sementera de Extremadura! Y de lo que hablamos, ya
lo decía una agüela mía, que «dos linajes solos hay en el
mundo, que son el tener y el no tener».
DON
QUIJOTE:
—«¿Has
acabado tu arenga, Sancho Galán?» Ya te he dicho
que hagas gala de la humildad de tu linaje, y no te desprecies
de decir que vienes de labradores...
SANCHO:
—
Pues verá, señor, en medio de aquella corte de la Ínsula
Barataria, como gallina ajena «me encontraba en mitad de
aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve, me
parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la
hambre..».
DON
QUIJOTE:
—¿Cuándo
harás caso de lo que te digo? «Come poco y cena más poco,
que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
Ten cuenta, Sancho Galán, de no mascar a dos
carrillos, ni de erutar delante de nadie».
SANCHO:
—«Eso de erutar no entiendo».
DON
QUIJOTE:
—
«Erutar, Sancho Galán, quiere decir regoldar y este
es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua
castellana, aunque es muy significativo».
SANCHO:
—¡A
mí na máh me guhta que darle guhto al cuerpo
DON
QUIJOTE:
—¡Sancho
Galán, Sancho! «¡Setenta mil Satanases te lleven a ti y a
tus refranes!»
SANCHO:
¿No
loh de de usar si eh mi única hacienda? Si yo fuera bien rico
jacía
na máh que eso: hecharme güenah siestah debajo de loh frehnoh,
(fresnos) jartarme de gazpachoh con güevoh y poleoh, cahcarme güenoh
fritoh con bolah y pimientoh, mercar un buen caballo, tener un
jornalero que to te lo hiciera pa estarme bien quieto, andar
bien jateao,hecharme ca inhtante vino, fumar de nueve perrah y
andarme de paseo lo mismo que loh curah, lo mismo que loh médicoh...
DON
QUIJOTE:
—«¡Por
Dios, Sancho Galán, por solas estas últimas razones que
has dicho, juzgo que mereces ser gobernador de mil ínsulas!»
¡Y vámonos a comer, creo nos espera una de esas comilonas épicas
tan apetitosas!
SANCHO:
—
Créame mi buen señor don Quijote, no hay nada en este mundo
que una gran pitanza... y no hay tierra más rica y sabrosa que
la mi ancha Extremadura...
y lo dicho, que una cosa no quita la otra:
¡A
mí na máh me guhta
que
darle guhto al cuerpo!
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