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Secuencia
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La
brisa de la tarde /meneaba, amorosa, la alameda,
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SE
ESCUCHA RECITAR UNA VOZ:
La
brisa de la tarde
meneaba,
amorosa, la alameda,
los
zarzales floridos del cercado,
los
guindos de la vega,
las
mieses de la hoja,
la
copa verde de la encina vieja...
¡Monorrítmica
música del llano,
qué
grato tu sonar, qué dulce era!
EL
POETA:
—¿Habéis
escuchado? Esos versos... los escribí yo...
«Yo
convertí los versos en la voz de la tierra. Mi
obra (¡pobre obra mía!) es la obra de los oscuros del mundo de
la cultura...versos
modestos, poesía sana para el pueblo, que es mi padre».
SE
ESCUCHA OTRA VEZ LA MISMA VOZ:
El
velo del dolor me ha oscurecido
la
luz de la belleza.
EL
POETA:
—No,
no fue el dolor, fue la muerte. Yo fui José María Gabriel y
Galán, pero ahora «voy a dejarme vivir, agua abajo, agua
abajo, sin prisa alguna», para dejar de ser como en mi
juventud, un corazón solitario.
OTRA
VEZ LA MISMA VOZ:
¡Cómo
tendré yo el alma,
que
resbala sobre ella
la
dulce poesía de mis campos
como
el agua resbala por la piedra!
EL
POETA:
—¡Dulce
alma mía! ¡Cómo sabes que la vida son «dos paisajes, el
uno soñado y el otro el vivido...!»
¿Quién
mejor que tú, mi poesía y la tierra para pervivirme? Con ella
os dejo: «yo de un alma de luz estuve asido».
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